Imagina un bocado que atraviesa el tiempo y las culturas de la Valencia medieval. Sobre una pieza de socarrat, evocamos aquella época en la que convivían tres mundos: el cristiano, el musulmán y el judío. El crujiente de cerdo, símbolo de la cocina cristiana, envuelve un paté con dátiles y almendras, herencia de la refinada gastronomía andalusí. Sobre el conjunto, un gel de naranja y azahar aporta el perfume de nuestros paisajes. Una interpretación de cómo tres culturas distintas construyeron, sin saberlo, parte del sabor de Valencia.